sábado, 24 de mayo de 2014

Microrrelatos: Dos cosas para contar

Mi suegra y yo
Hoy tocó a la puerta mi suegra. Traía consigo una bolsa de tomates. Parece que ayer vio que se me habían terminado y sabe que para mí el pan, el queso, los tomates con ajo y aceite de oliva son alimento de cada día. Me pregunta en árabe si estoy bien. Le contesto “Ana quais”, queriéndole
decir que sí, que estoy bien. Me besa, me abraza, me toma la cara entre sus manos, me mira fijamente con esos ojitos chiquitos y líquidos, y me dice con una ternura inmensa;  -Aziza, I love you very much. Le digo; -Ana bahebek aktar Mama (que yo también la quiero mucho). Y le besé la mano que luego me llevé hasta mi frente (gesto de sumo respeto y amor para con las madres y abuelas).
Le digo; “Hani, quais” (que Hani, mi esposo es bueno). Me toco el corazón y le digo; "My husband is good husband, good heart". Mi suegra me mira de la misma manera que lo había hecho antes y me dice en árabe; -Aziza, tú también eres buena. Yo me echo a llorar y nos abrazamos. ¡Dios es justo!

                                                                             Vas a escribir
Una vez una querida amiga "tarotista" miró las cartas y sonrió de manera especial; una de esas sonrisas chispeantes que se producen al descubrir algo agradable. Y dijo; "Vas a escribir cosas muy bonitas, cosas que se van a leer. Es algo muy especial".

En el momento no le presté mucha atención, como muchos, había acudido a ella en medio de una crisis por "mal de amor". Ya luego con el tiempo de vez en cando recordaba el momento, su carita siempre linda, sonriendo iluminado como ella acostumbra hacerlo y me parecía escucharla diciéndomelo pero embelesada en las cartas. Entonces me asaltaba la intriga. ¿De qué estaría hablando Melissa? Y ahora, me ha quedado todo muy claro. ¡Maktub! Los Relatos de Aziza, Viviendo Libia…



        Daritza Rodríguez-Arroyo, Todos los derechos reservados de autor / copyright©.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Bodas libias I y II

¡Ya subió!


Segunda parte en END: http://www.elnuevodia.com/blog-bodaslibias(segundaparte)-1787660.html

Primera parte en END. Espero que les guste. Enlace: http://www.elnuevodia.com/blog-bodaslibias(primeraparte)-1776703.HTML


Caricatura del libio Mohamed Zwawi: Jaima nupcial
 

Ululeo

Estampa de boda tradicional

Celebración de hombres en Jaima




martes, 29 de abril de 2014

Sahra: más que un microcuento

One-click zoom
                                     
                               Sarah

Ese día, caminando por el malecón decidió no luchar más contra el deseo de aventurarse hasta las inmensas rocas, donde se le había advertido que no debía llegar. 

Antes le habían dicho lo mismo sobre su sueño de atravesar el desierto, arca de peligros inciertos. Aun así surcó las dunas de arena y conoció el polvo rojo que todo lo impregna y huele a leyendas.  

Así que bajó  las escaleras y por primera vez sintió la efervescencia de las olas del Mediterráneo bañando su rostro. Sonreía, mientras la brisa marina ondeaba su “hijab” como la más insigne bandera de paz.

Daritza Rodríguez-Arroyo  (Martes, 22 de abril de 2014. Bengasi, Libia)
---------------------------------------------------------

Relato: Sarah más que un microcuento

Ahora me queda todo muy claro. Ha debido ser que la esencia de alguna de ellas -de la más aguzada- andaba merodeando en el justo momento en que mi amiga Iris Miranda (poeta puertorriqueña) me invitaba a participar de “100 palabras por la paz”. 
¡Claro! No fueron mis palabras, fueron las de ella, portavoz de las voces de miles de migrantes que el desierto y el mar han silenciado. No digo que haya sido tanto como una psicografía, pero ciertamente al momento de escribir, vi la imagen de una mujer del desierto, de tez tostada, envuelta en telas negras, como las mujeres migrantes de Sudan, Nigeria, Somalia y otras tantas tierras africanas; mujeres que atraviesan el desierto del Sahara y luego el Mar Mediterráneo, arriesgando sus vida con el único propósito de vivir con dignidad.

Entonces esta mujer toda rostro y telas fue mi inspiración; mi piel fue receptiva al toque sutil que transmitió la historia de su travesía, de esa fuerza interna argamasa de sueños, esperanza y voluntad férrea que la sostuvo en medio de tanta inclemencia y que finalmente, independientemente de lograr llegar o no a su destino, la llevó a reconciliarse consigo misma. 

Sé que debió perdonarse por lo dejado atrás, pero igualmente complacerse en el vencimiento de sus temores, que también eran los del resto y siempre le parecieron más grandes que los propios. 

Me habló sobre lo vivido a cada paso y sobre su vista siempre puesta en el horizonte; entonces sonrió como pocas veces lo había hecho en el trascurso de su vida, debió solicitar que cerrara mis ojos, porque así lo hice. Se acercó y al oído me contó en susurros sobre su día en el malecón de Bengasi, allí donde en medio del caos, por primera vez fue libre y experimentó la paz.
Abrí los ojos y escribí.
-------------------------------------
Entonces les cuento:

One-click zoom
En día martes le envié el microcuento a Iris y el jueves fui al mercado con mi esposo, le pedí que paseáramos por la calle Omar Al-Mukhtār en el barrio italiano del centro de Bengasi, una de mis favoritas porque además de la mezquita Atik, que es la más antigua de la ciudad, también hay varias librerías pequeñas en las que me gusta entrar a acariciar y ojear libros aunque no pueda leerlos por estar escritos en árabe.  

Allí también hay una tienda africana que siempre me ha llamado la atención porque se especializa en la venta de artesanías y artículos antiguos de decoración. Las veces que había estado por la zona, la tienda permanecía cerrada y mi esposo me había comentado que daba la casualidad que siempre íbamos en las horas de almuerzo.


One-click zoom

Esta vez vi la puerta abierta y corrí, temía que se cerrara antes de poder atravesarla.



Es un lugar mágico lleno de pinturas, réplicas de puertas árabes que cuando las abres resultan ser espejos que reflejan tu rostro, figuras, lámparas, cofres, baúles, faroles, vasijas, bandejas, ropas tradicionales… No hubo pieza que no toqué con asombro y curiosidad, que no oliera imaginando el entorno y las manos que la crearon. Mi esposo me seguía de cerca pero en silencio y el vendedor grandote con piel de ébano -que parecía una pieza más-  también me seguía con la mirada desde el fondo del local, tras la caja registradora rodeado de todo aquel arte que contaba historias de cualquier parte de Libia y toda África. 

Descubrí un tonel repleto de chucherías y me puse a curiosear, metiendo la mano, rebuscando con la insistencia de quien instintivamente sabe que dará con algo. Mis dedos tantearon una superficie algo tostada y rugosa, entonces halé un poco para ver de qué se trataba y allí estaba ella con su rostro tostado, pintado de desierto, con su mirada  convertida en una llama lánguida que desde las lamparillas de sus ojos aún cargados de sueños dice que no ha perdido la esperanza. 

Confieso que al principio no la reconocí, pero la quería. ¿Bekam Hada? Preguntó mi esposo. $35.00 LYD, contestó el vendedor. Pero recordamos que andábamos con el dinero contado para las compras del día, porque aquí en Libia todo se paga en efectivo y es preferible no andar con mucha cantidad en los bolsillos. Mi esposo me prometió que regresaríamos el sábado. De regresó al auto alcancé a ver el mar y la gente caminando por el malecón y fue en ese mismo momento en que comprendí lo que desde hace días venía ocurriendo, ahora todo tenía sentido. 

“¡Habibi! Era ella.” Exclamé emocionada. “¿Quién?” Preguntó mi esposo. “La mujer del desierto, la del microcuento. La máscara de cuero en la tienda africana, es la misma cara de la mujer que vi mientras escribía. ¿Recuerdas que te lo conté?” Mi esposo se quedó pensativo, “volvemos el sábado” dijo sin aventurarse en "mis fantasías".
One-click zoom
One-click zoom
Y así fue, el sábado después del almuerzo volvimos al barrio italiano, cruzamos la plaza de la libertad Maydan al-Huriya frente a la mezquita y la antigua casa alcaldía. De lejos volví a ver la puerta de la tienda abierta, aligeré el paso y entré cruzando dedos en ambas manos. Estaba justo donde la dejé, sobre el montón de chucherías en el tonel del fondo.  La tomé en mis manos, sonreí y me la llevé al pecho como se hace con la gente que uno se alegra de volver a ver, miré a mi esposo y este a su vez miró al vendedor, que también permanecía en el mismo rincón donde lo habíamos dejado. 

¿Bekam Hada? Preguntó mi esposo. $35.00 LYD, contestó el vendedor. Comenzó el habitual regateo y al final la compramos por $25.00 LYD, aunque para mí tiene un valor incalculable que nada tiene que ver con dinero. Ahora la mujer del desierto, Ṣaḥrā, siempre está presente cuando escribo, junto al derviche turco y la bandera de Puerto Rico.

Daritza Rodríguez-Arroyo, Todos los derechos reservados de autor / copyright©.
One-click zoom






 

domingo, 27 de abril de 2014

Sobre la vestimenta (Primera parte)



Esta semana en "Viviendo Libia" sólo por elnuevodia.com: Sobre la vestimenta (Primera parte)

http://www.elnuevodia.com/blog-sobrelavestimenta(primeraparte)-1760711.HTML


                                             Judíos:


 
Cristianos:
 
 
 
Musulmanes:
 

 
 
 
 

viernes, 11 de abril de 2014

Las moscas kamikaze de Libia


Magnus Muhr
 Aquí en Libia las moscas son “zombies”. Las matas -se ven “bien muertas”- y como a los 20 minutos escuchas un zumbido y descubres que aquella mosca "bien muerta" que yacía patas arriba e inerte en el marco de la ventana -donde la atacaste con el insecticida- está surcando nuevamente los aires, invadiendo y violando tu territorio aéreo. He llegado a la conclusión de que el insecticida que estoy usando de fabricación alemana tiene propiedades increíbles. Puede ser, porque esos científicos alemanes son la changa, como decimos en Puerto Rico. Aparentemente estas moscas al entrar en contacto con el insecticida caen en una especie de catatonia para luego recuperarse totalmente vitalizadas, como si se tratara de una resurrección. Lo peor del caso es que tras ese lapso de acinesia las muy condenadas se tornan agresivas y aunque te vean con el “mata moscas” o lata de insecticida en mano, con el dedo en el pulsador decidida a disparar, se lanzan sobre ti, siempre en dirección a la cara en clara misión “kamikaze “. ¡Lo que hace el aislamiento prolongado! Ya estoy en guerra declarada contra las moscas libias y parte de mi tiempo lo dedico a diseñar estrategias de captura y ataques, sobre todo cuando les adivino las intenciones de rebasar los límites de la habitación en dirección al pasillo central para intentar penetrar en el espacio aéreo de la cocina. Indudablemente, ya es hora de que Marido regrese.
 
Daritza Rodríguez-Arroyo, Todos los derechos reservados de autor / copyright©.
 
Fotos de: Dead Flies Art. Magnus Muhr is a Swedish photographer who presents a funny and creative gallery containing collected dead flies