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viernes, 26 de junio de 2015

Shufiando: El pollero y sus pollitos


 
Me he tomado una foto que ha quedado de lo más sugerente y por ello se ha ganado el honor de figurar como foto de perfil en mi cuenta de Facebook. A la foto le he escrito “Adivinen que hago” como descripción y comenzando por la amiga lectora Virginia Jiménez todas han acertado que lo que hago es ejercitando la pupila para estar al tanto del acontecer de mi barrio; o sea averiguando o como diríamos en el árabe españolizado de “Los relatos de Aziza”, “shufiando”. Entonces Madelyn Fuentes de inmediato pregunta que qué vi y pensé que lo ideal era contarles a todos.

 

Quizás nada del otro mundo, tal vez el palpitar de la vida misma que suele transcurrir imperceptible vestido de cotidianidad.

 

El dueño de la pollera de la esquina -del que les he hablado otras veces y desde hoy nos referiremos a él como “el pollero”- estaba con su hija de unos aproximados 7 años a punto de abordar su carro, cuando sus otros dos hijos, con un poco de más edad, cruzaban la calle sin precaución y un auto casi los atropella.

El padre se puso furioso y todo nervioso le pegó un manotazo a la niña que nada tenía que ver con el asunto (pero era la de mayor proximidad) mientras le gritaba a los dos varones. La niña se sobaba el brazo sin llorar y los dos varones lloraban porque el hombre enfurecido y todo nervioso les ordenó entrar a la casa y no salir más. Le beso la cabeza a la niña y la montó en el caro.

Entonces una mujer (su esposa, por lo que he shufiado) se asomó por la ventana y le gritó alguna cosa al marido, el hombre se desmontó del carro y gritó; “¡Haya! ¡Haya!”. Que se pronuncia “jaia” y es equivalente al coloquial “Yala” (Iala) del árabe que significa “apúrense” o “vamos”.

Los "querubines" volvieron a la escena y el hombre, aún malhumorado, acomodo varios paquetes en el baúl y rezongándolos a toda voz y con la cara colorada los hizo montar en el asiento trasero mientras daba marcha al vehículo que vi desaparecerse doblando la esquina, justo frente a su pollera, donde pareció gritarle cualquier cosa al empleado flaco y barbudo de ojeras perpetuas que según mi opinión, sería el mensajero ideal si de mandar a buscar la muerte se tratase, pues todo lo hace en tres velocidades; ya saben, “lento, lentísimo y parao”.

  
 
 
 


Éste es el mismo hombre que un día les conté cruzó la calle en medio de una balacera para a buscar a esos dos chiquillos, que de mirarlos se les advierte lo desinquietos que son. Es decir, que si no infarta por cuenta de los hijos (Dios le dé larga vida), lo hará por cuenta de “barba lenta”, su único empleado, que de seguro conserva su trabajo porque han de estar emparentados. De no ser así,  ya lo hubiese remplazado por algún otro, que aunque también pase la tarde “texteando” desde su celular, al menos se ocupe de baldear el frente y ofrecer los pollos a todo paseante lleve “Shemagh” o “hijab”, antes de que con las altas temperaturas que se sufren en los veranos norteafricanos esos pollos se marinen en salmonella.

 


Por cierto, han pasado más de dos años y aún no comprendo cómo es que aquí venden los pollos sin refrigerar, en mostradores a la entrada de los locales, bajo el inclemente sol. Según me cuentan, nadie se enferma. Es una pena que por ser mujer y casada, no pueda hacerle la pregunta al pollero o a “barba lenta”, sería interesante conocer la explicación de los expertos libios.

Eso fue lo que vi hoy, “shufiando” por la ventana.

*Recuerden que el blog se alimenta de los comentarios de sus lectores, agradeceré comenten al pie de este relato.
 
©2015. Daritza Rodríguez-Arroyo. Los relatos de Aziza. Todos los derechos. 

domingo, 24 de mayo de 2015

Soltando al gordo: Un chisme cultural


Foto: americanbedu.com
 
 
Llámele chisme, bochinche o cotilleo, el asunto es que aunque se supone que no, lo cierto es que nos une, nos mueve y nos entretiene.

 

Vi caritas y nombres que nunca comentan, pero hoy lo hicieron. Yo misma que prefiero escribir hasta estuve coqueteando con la idea de un audio, lo ameritaba, pero ustedes, ustedes se botaron. Tremendas disertaciones exponiendo su filosofía personal de lo que es el chisme para cada una. ¡Y lo convincentes que se leían! ¡Tremendo! Hasta consenso hubo, que ya saben que entre puertorriqueños y latinos en general es un asunto difícil de lograr. ¡Increíble!

 

Bueno, no sé cuánta expectativa he creado afirmando que el chisme es gordo. ¡Tan revoltosa! Y quizás para las lectoras vinculadas a la cultura árabe no es cosa del otro mundo, pero a mí el tema, a pesar de que ya se cumplieron dos años de estar viviendo aquí, me impresiona tanto como de recién llegada. Y es que hasta ahora era una especie de leyenda urbana, nunca había tenido oportunidad de estar cara a cara con los implicados. Fue ponerle rostro a cientos de historias que corren de boca en boca.

 

Ya saben que ayer estuvimos de velorio por la inesperada muerte de la madre de uno de mis concuñados y les comento que “somos tan ‘distintamente iguales’ que la dinámica social del velorio poco difiere de la que acostumbramos en nuestros países latinoamericanos; bodas y velorios suscitan rencuentros entre familiares distanciados y en ocasiones desempolvan una que otra alfombra llena de “secretos familiares” que todos conocen, pero que cierta norma no escrita autoriza a comentarse a ras del suelo para que sólo los implicados no se enteren y sigan descansando en la duda.

 

Si la persona fallecida vivía fuera del país, el velorio tomará tres días, de lo contrario serán siete. Se presentan familiares, amigos, vecinos y conocidos a ofrecer sus condolencias, a acompañar en su dolor a esa persona que sufre la separación física de un ser amado, pero también se va a brindar consuelo, transmitir fortaleza y compartir esperanza.

 

Por lo regular las personas comienzan a llegar desde las 10:00 a.m. hasta las 11:00 p.m. y se les ofrece café negro, al estilo árabe, bien cargado y aromatizado con semillas de cardamomo, también se sirven dátiles con leche fresca y té, que puede ser rojo o verde.

 

Al igual que en las celebraciones, en los funerales mujeres y hombres permanecen segregados sin oportunidad de interactuar sobre todo si son extraños. En esta ocasión  los hombres entraban a la propiedad por el portón principal, pues les daba acceso directo al área del garaje donde habían armado una “jaima” o carpa grandísima donde contaban con todo lo necesario para estar cómodos el tiempo que decidan estar presentes.

 

Las mujeres entraban por el portón principal, atravesando el jardín hasta llegar a la puerta de entrada a la residencia, la misma carpa servía de cortina para evitar el acceso visual entre ambos sexos.

 

Mi esposo como hermano de la dueña de casa puede entrar a la residencia en cualquier momento, pero sin acercarse al salón de visitas donde se encuentran las mujeres. Esta vez, las mujeres fueron recibidas en el salón de visitas para hombres que está dentro de la residencia, es mucho más cómodo que el destinado a mujeres, porque al momento de diseñar el plano, mi cuñada le incluyó al salón de mujeres un baño privado quedando más agosto.

 

Mis sobrinas y cuñada vinieron a mi encuentro, estaban tranquilas, yo continué hasta el interior, donde alcancé a ver el salón de visitas con varias mujeres. Entré al dormitorio de las niñas, donde acomodé mi cartera, mi “Jiljab”, pero no mi “hijab” pues aunque estaría entre mujeres, si algún hombre relacionado a la familia, pero que no comparta vinculo de sangre entra, toda mujer que no sea su madre, esposa, hija, nieta o nuera, debe estar cubierta como el código social de vestimenta libia y musulmán lo entiende correcto y aceptable. Si mi concuñado entra debo tener el cabello cubierto, otro ejemplo puede ser el momento en que Marido me llamó para presentarme un primo de su padre.

 

Una vez estuve lista entré al salón donde se encontraban reunidas las mujeres, eran ocho en total, contando a mi cuñada. “As Salam Aleikum”, saludé al entrar. ”Wa Aleikum Salam!”, contestaron las mujeres mientras yo iniciaba el ritual de los besos, ya saben, cuatro beso a cada una de las presentes intercalando mejillas. ¡Agotador!

 

Me senté junto a mi cuñada, mientras las niñas entraban con bandejas de dátiles y vasitos de leche para ofrecerle a las mujeres que conversaban entre ellas de lo más animadas. Todas vestidas de negro de pies a cabeza; abayas, medias y hijab, algunas incluso con guantes. Nada de maquillaje o perfume, incluso algunas estaban sin prendas.

 

Mi cuñada me presentó, aunque ya todos saben que su único hermano se casó con una extranjera, claro no es lo mismo que te lo cuenten a tenerla de frente y poder dar fe de lo que sea necesario cuando, quizás en otro velorio alguien ponga el tema.

 

Saben que hablo un inglés de primera necesidad y un árabe de primeros auxilios, aun así, ya a veinticuatro meses de estar viviendo aquí, puedo comprender algunas palabras, frases y saber de qué va la conversación. Bueno, si ya hasta mis vecinas me ocupan para mensajería dentro del edificio. Así que entendí cuando interrogaban a mi cuñada Fatin, que es muy poco, casi nada, lo que puede comprender o hablar en inglés pero durante todo este tiempo nos hemos entendido.

 

Pude comprender cuando le preguntaban a Fatin por qué si llevo dos años en Libia no hablo árabe, es la pregunta de todos, y sin permitir que Fatin intentase traducir le pedí les dijera que su hermano, quien es un excelentísimo esposo, ha resultado pésimo maestro con muy poca o ninguna paciencia para enseñar. Todas rieron y una de ellas, la más delgadita de ojos azules dijo en inglés, que además el árabe era un idioma muy complicado, mi cuñada le dijo, que más complicado que el inglés imposible, entonces les aclaré que mi primer idioma es el español y todas se maravillaron, dos  de ellas a coro aseguraron que el español sí que era difícil y una que no había abierto la boca hasta entonces, comentó que no era tan difícil porque era parecido al italiano y en libia en tiempos de coloniaje se hablaba italiano y aún hoy día algunas palabras siguen en uso.

 

Es la dinámica de siempre, se abre la ronda de preguntas y respuestas, tipo entrevista, donde me siento como la invitada especial en el programa “Ahora podemos hablar”. Pero como lo que es igual no es ventaja, yo soy receptiva a las preguntas, contesto lo que deba y quiera, porque luego me toca a mí, pues comprendo que el interés en conocer de nuestras costumbres y estilos de vida tan “diferentemente iguales” es mutuo. En estos dos años, Sólo en dos ocasiones percibí que no había buena voluntad en el interés de mis interlocutoras y corté la comunicación de inmediato. La mala voluntad suele ser tan perceptible como la buena, y uno tiene el deber de ponerse a salvo, de no caer en juegos peligrosamente estúpidos. Si hay buena fe y el respeto mutuo permea a pesar de las diferencias, la diversidad siempre nutre en ambas direcciones.

 

En fin, que me tocó el turno y lo único que se me ocurrió para romper el hielo fue preguntar si todas eran palestinas. Resultó ser que había sirias, libias y por supuesto, palestinas. Cada una identificó su nacionalidad y la de los esposos, definitivamente era un festival de matrimonios multiculturales, mencionaron que los esposos eran unos libios, otros sirios y palestinos, pero la mujer sentada junto a mi cuñada no prestó atención al tema, al menos eso me pareció, y la delgadita de ojos azules, la que hablaba un poco de inglés, miraba a mi cuñada con insistencia. Entonces les pregunté directamente a ellas, bueno  esa era mi intención cuando a mitad de pregunta sentí como el dedo de mi cuñada me barrenaba el muslo izquierdo, la miré sin disimular mi asombro y confusión y ella me enfocó  como hacen los lentes fotográficos en “zoom”. ¡Quedé pa’ dentro! Como dice mi amigo Patricio, el chileno.

 

Fatin, mi cuñada, cambió el tema y una mujer sentada a mitad de salón le dijo a la que estaba sentada al extremo derecho -la palestina delgada de ojos azules- y a la sentada junto a mi cuñada (extremo izquierdo) que se despidieran, que volverían en la noche. Intercambiamos bendiciones y las tres palestinas salieron de la habitación sin hablarse, siendo las últimas en despedirse.

 

Marido andaba comparando algunas cosas que se necesitaban, así que mi cuñada y yo comenzamos a preparar el almuerzo, que se suele servir en privado, sólo los miembros de la familia, o con los que estén al momento si son pocos y bastante allegados, en cuyo caso se comerá con hombres y mujeres separados en sus respectivos lugares de reunión.

 

Estando en la cocina mi cuñada me pregunta si no me imagino por qué no me dejó preguntar en el salón de visitas. Le dije que no, pero que me dolía el muslo, nos reímos a carcajadas. “¿Te cuento?” pregunta con cara pícara y tono de chismorreo. Y yo que no puedo negar me mataba la curiosidad, divisé una bandeja de semillas en la pequeña mesa de cocina y…  ¡A comer semillas! Mi cuñada casi se desarma de la risa. Y es que como dato curioso cuando vean a las mujeres árabes reunidas comiendo semillas de girasol o calabazas, den por seguro que el chisme es gordo, gordísimo.

 

Pues resulta… y es aquí donde se confita el aspecto “cultural”  con el chisme o viceversa, que de nueve mujeres que estábamos presentes en el salón de visitas, todas casadas, tres son esposas de libios, otras tres de palestinos y dos de sirios.

 

Me cuenta mi cuñada que la mujer sentada a su lado y la de ojos azules al otro extremo, son esposas del mismo hombre. De momento me confundí y ella me especificó; la primera y la segunda esposa de un mismo hombre, palestino. Cuando procesé la información le pregunté por qué si todas son musulmanas evitaron el tema cuando se supone sea algo aceptado entre todas ellas. Me explicó mi cuñada y ya luego Marido me explicó con detenimiento, que efectivamente es algo religiosamente aceptado, pero no en lo que respecta a la idiosincrasia  de muchos pueblos arabizados e islamizados. Cierto que la religión permite, pero muchos países musulmanes lo han prohibido e incluso la misma religión toma en cuenta un sinnúmero de condiciones. “Entre palestinos no es muy común, así que no es del agrado de nadie reseñarlo.” Dijo Marido.

 

El chisme cultural…

 

Ellos son palestinos provenientes del Líbano, llegaron por las oportunidades de empleo no especializado que había disponible antes de la revolución libia. Se instalaron en Bengasi donde compraron un terreno y construyeron una casa de dos pisos, en el primero acomodaron la familia del hombre.

 

Para entonces el matrimonio tenía cuatro hijos y la mujer (la delgadita de ojos azules) se fue con ellos de viaje al Líbano a visitar la familia. Cuando llegó el momento de regresar llamó al esposo y le notificó que había decidido no regresar, pues Libia no era país para mujeres extranjeras, que estaba cansada de vivir con tantas restricciones y que prefería Líbano, donde además de tener familia era un país menos tradicional.

 

El hombre le dijo que regresara, que aquí en Libia tenían casa y trabajo y que no estaba dispuesto a regresar al Líbano a empezar en cero y viviendo de la caridad de los familiares de la mujer. La esposa  fue firme en su deseo de permanecer en Líbano, pero buscando la manera de presionarlo a fin de que accediera a regresarse al Líbano, le envió devuelta a Libia, sus cuatro hijos.

 

Cuenta mi cuñada que el hombre se estaba volviendo loco con los cuatro niños  a cargo y comenzó a llamar a la mujer sin descanso. Se manipulaban y presionaban por igual. Ya habían pasado ocho largos y desesperantes meses cuando el hombre llamó a la mujer con un ultimátum; “Si no regresas me caso, me busco una segunda esposa”. La mujer pensó que el hombre sólo buscaba ´presionarla como tantas veces, y no le creyó, pensando que pronto se reunirían en el Líbano.

 

Al cabo de un mes alguien  de la familia del esposo la llamó para ponerla sobre aviso; “tu esposo se ha comprometido en matrimonio”. Lo que antes había sido imposible en ocho meses, se logró en dos días, la mujer arribó a Libia a reclamar lo que entendía como suyo, es decir, casa, hijos y esposo. Pero ya era tarde, cuando llegó vio que su esposo había dividido el segundo piso en dos apartamentos y que había ropa tendida en uno de los balcones.

 

La mujer entró en cólera y las hermanas del esposo -quienes viven el primer piso- no le permitieron acceso al segundo, hasta que el esposo llegara. Una vez se dio el encuentro a puros gritos y reclamos, el esposo le confesó que se había casado, porque no podía hacerse cargo de cuatro hijos y además necesitaba una mujer.

 

La mujer exigió conocer a la segunda esposa y para evitar que la impresión fuese aún más fuerte, le confesaron que se trataba de la prima hermana del hombre, una con quien lo habían comprometido desde niño y que él había rechazado cuando la conoció a ella, la misma que años después la familia del hombre había ayudado a  instalarse en Libia junto a su familia, es decir los tíos del esposo (recuerden que entre árabes y musulmanes está aceptado el matrimonio entre primos hermanos).

 

No fue mucho lo que la mujer pudo hacer, tenía dos opciones, aceptaba compartir el esposo y el segundo piso con quien había sido el fantasma de su matrimonio o se divorciaba perdiéndolo todo y se regresaba al Líbano sola.

 

La mujer decidió quedarse, tiene casa, hijos y esposo, pero perdió el estatus de “primera esposa” porque la familia del esposo (las hermanas y la madre que viven en el primer piso) la acusan de haberlo abandonado junto a los hijos y porque la segunda esposa es la prima, con la que crecieron y a la que desde el principio habían elegido como esposa para el hijo, el hermano.

 

Yo quedé impresionada con la historia. Realmente no está fácil de digerir. Recordé a la tercera mujer y pregunté quien era. Pues me cuenta mi cuñada que es una de las hermanas del hombre, que aunque no vive en la misma casa, vive con su esposo e hijos en un terreno aledaño y que es la que siempre anda con ellas a petición de su hermano, hace de “referí”, evita que sus mujeres se maten.

 

¡Qué fuerte! Era lo único que podía expresar porque intentaba imaginar toda la situación, desde la posición de cada una y realmente me era y es imposible intentar ponerme los zapatos de cualquiera de ellas. Cuando lo miro desde la estructura social y la tradición religiosa puedo comprender algunos aspectos e incluso respetar los motivos y decisión de cada una, pero me es imposible compartirlos.

 

Le pregunto a mi cuñada si podría ocupar el lugar de cualquiera de ellas y dice que definitivamente, al igual que la mayoría de las mujeres que conoce, ella no podría y que nunca estaría dispuesta a compartir a su esposo, que antes prefiere divorciarse. Claro que una cosa es decirlo y otra muy distinta vivir como mujer divorciada en una sociedad donde la mujer por sí misma, sin la protección de un hombre, sea esposo, padre, hermano o hijo no tiene espacio.

 

Como les dije, es un asunto típico para las vinculadas a la cultura árabe, pero a mí estas historias me siguen impresionando.

 

De camino a casa mientras marido manejaba…

 

-¡Oye! ¿El primo de tu papá  te hizo algún comentario?

-Si. Me dijo que debería avergonzarme por no haber sido responsable y haberte enseñado árabe y  hacerte conocer la religión.

- ¡Me imagino!

-No, no te imaginas. Él quería comprometerme con una de sus hijas, cuando supo que me casé con una extranjera, le reclamó a mi padre. Pero ya sabía de ti, has compartido con su esposa en tres ocasiones en diferentes actividades y posiblemente con sus hijas.

-¿Todas casadas? Pregunté sosita.

-¡Sí habibty! Todas casadas.

A Marido le dio un ataque de risa porque cayó en cuenta de la similitud con el caso de las vecinas de su hermana.
 
 -Los blogs se alimentan de la participación de sus lectores, no olvides comentar el relato aquí mismo bajo la lectura. ¡Gracias!-
 
© 2015. Daritza Rodríguez-Arroyo. Todos los derechos. 


 

viernes, 22 de mayo de 2015

Operación: Vecinas

Foto tomada de "desmotivaciones.es"



Ayer como a eso de las 6:30 p.m. me tocan a la puerta –Marido no estaba- miré por la mirilla y no vi a nadie, regresé al cuarto. Tocaron nuevamente, una vez más no alcancé ver a nadie. La tercera ocasión quedé con el ojo pegado pensando… ¡Al pequeño diablito que esté de jugarretas conmigo lo atrapo yo!

Entonces noté que la puerta de mi vecina Haifa (la madre de Abdel Karim) estaba entreabierta. Ya me dolía el ojo de tanto afinar la vista a fin de lograr ver si había alguien tras la puerta entreabierta. Hasta que se asomaron unos deditos cortitos, blanquísimos y regordetes. Supe que se trataba de Haifa porque siempre me ha llamado la atención sus manitas infladitas y su piel de leche.

Me quedé pendiente y vi cómo tras los dedos asomó el rostro redondo de mejillas rosadas, ojos oscuros y el cabello ondulado en un tono rojizo natural que la hace parecer una muñeca de postal. La otra vecina siria del tercer piso es muy parecida a ella, lo mismo sucede con los niños de la siria del cuarto piso. Todas estas familias aunque no están emparentadas entre sí, son originarias de Alepo. Nana y su esposo Mohammad nacieron en Libia pero al igual que mi esposo (nacido en Egipto durante el peregrinaje familiar en busca de asilo) son segunda generación de refugiados palestinos, en el caso de mi esposo su familia es originara de Al-Jammama, poblado desaparecido del mapa por la ocupación israelí.

Al ver que era Haifa quien a la vez que asomaba su rostro trataba de ocultarse sin perder de vista la escalera me dispuse a quitar el pasador de la aldaba, recordé que estaba en bata corta y de manguillos, con el cabello estilo “pop corn”  empapado en aceite de semillas negras y pensé que sería mejor cubrirme antes de abrir, pero ya era tarde, mi vecina sin “hijab”, en un “set” deportivo en tela de pana azul turquesa ceñido al cuerpo, venía en dirección a mi puerta, de carrerita y azorada, mirando para todos lados, supongo que temerosa a que algún hombre del edificio se topara con ella al descubierto.

Como el pasador de la aldaba siempre se tranca, me demoré en abrir, pero alcance a ver cómo tras escuchar que de este lado alguien se disponía a abrir la puerta, Haifa emprendió carrera de retirada y volvió a ocultarse en su apartamento, pero nuevamente dejando la puerta entreabierta.

¡Salam Haifa! Saludé con mi puerta a medio abrir, una sonrisa, el muslaje y los socos de piernas a medio exponer y la maranta estilando aceite negro. Ella abrió un poco más la puerta y me preguntó si mi esposo estaba en casa, contesté que no, entonces dijo algo que no pude entender. Ella seguía tensa pendiente a la escalera y con cara de urgida. Definitivo que algo sucedía, así que le hice el gesto árabe de los deditos de la mano en forma de capullo en movimiento vertical (parecido al típico gesto italiano) mientras le decía; “¡Chuai! ¡Chuai!”, o sea, que se esperara.

¡Ya saben! De inmediato me dirigí al perchero y me envolví en la "abaya" negra, colocándome una pañoleta al estilo turco para cubrir sólo el cabello. Salí a su encuentro y a duras penas entendí que necesitaba que alguien le avisara a “Abir” -la vecina siria del cuarto piso (vecina de puerta con Nana)- que por favor viniera a verla. Nunca entendí para qué, pero ni modo…

¡Vamos de mensajera, servicio expreso, puerta a puerta! ¡Ja,ja,ja! ¡Mi vida en Libia!

Toco que toco la puerta de Abir y me abren los niños, entre ellos, el que siempre se para frente al espejo en el descanso de mi piso y sube la escalera cantando o silbando (tendrá unos siete u ocho años, desconozco). Les pregunté por la madre y una joven desgreñada y en pijama -nunca antes vista- se personó. Volví a preguntar por Abir, pero la chica cargando en brazos un bebé de meses en llanto descontrolado, me informó que la dueña de casa no estaba. Le dije que Haifa  había mandado a buscar por ella, al parecer no me entendió o preguntaba para qué, y era yo la que no la comprendía. Bueno, ante el tranque o amenaza de peligro, oprima el botón de emergencia más cercano… 

Le toqué el timbre a Nana.

Abrió la puerta con la cara colorada, sudorosa, tan desgreñada como el resto de nosotros, las vecinas; vestida en “leggings” y camisilla, junto a los tres niños que corrieron a la puerta peleándose por espacio preferencial a fin de ver quién era y qué quería. Yo en el medio del estrecho descanso, entre los apartamentos, las escaleras y las puertas abiertas decoradas de caras azoradas de niños y mujeres que no me entendían.

Nana tradujo, la mujer preguntó a Nana para qué la necesitaba Haifa, Nana me preguntó a mí, yo contesté que no sabía, Nana le dijo que yo no sabía y la chica finalmente le dijo a Nana que iría ella, pero que tenía que cubrirse y llevarse con ella todos los niños. Nana me tradujo todo y yo descansando en el alivio de la misión cumplida, respiré profundo. 

Nana me invitó a pasar a su apartamento, estaba en plena faena -ya saben que hace meses inicio su negocio de “catering” desde la casa- y así con una sola hornilla eléctrica y un horno eléctrico me mostró 300  mini tartas de carne molida queso y aceitunas, contrataron sus servicios para una boda. ¡Súper!

“¿Y para eso te ocupo Haifa?” Preguntó algo extrañada la Nana, me reí. Le recordé que nuestra vecina aún no termina sus cuatro meses de luto, entonces Nana me comentó que a su juicio no moverse dentro del edificio, ni siquiera de puerta a puerta le parecía algo extremista porque las mujeres que trabajan fuera de casa, aun estando de luto tienen que ir a trabajar (mi esposo dice que seguramente evita encontrarse con los hombres del edificio).

Mi visita fue corta, Nana me preguntó por qué en mi página decía que estaba decepcionada, le conté sobre la negativa de Estados Unidos para transferir nuestro caso a otro país donde podamos llegar sin que le pidan visa a un palestino y comprendió.

“¡Bienvenida a una experiencia llamada ‘ser palestino’, Daritza! Significa vivir sin oportunidades.” Dijo Nana.

Pensé en mi esposo, se me arrugó el corazón y recordé esos ojitos tristes de mirada lejana de aquella primera foto en un portal de Internet, esa sonrisa que cuesta a la hora de una foto, ese silencio insondable que no se rompe de no ser necesario a menos que algún tema en particular logre tocarle alguna fibra… entonces pensé que yo deseo la felicidad de mi esposo, incluso aunque no suceda a mi lado. Me despedí de Nana. 

Mientras abría mi puerta escuchaba el apartamento de Haifa repleto de niños y la vocecita de Abdel Karim balbuceando y riendo a carcajadas… ¡Cosquillas para mi alma!

Cuando Marido llegó me preguntó por qué tan vestida (aún tenía puesta la “abaya”);  “por si mis vecinas necesitan algún mandado”, contesté riéndome y le conté. “Viroteo” los ojos, me dio palmaditas en el hombro y se fue a asearse (ablución menor “wuū”) para luego hacer la oración de la noche (Isha alāt).

¿Alguien necesita que le lleve un recado? ¡Yo puedo! No importa el idioma.


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© 2015. Daritza Rodríguez-Arroyo. Todos los derechos. 

 

 

viernes, 13 de febrero de 2015

Wasim

Les presento a "Wasim" -significa guapo- mi nuevo compañero a la hora de sentarme escribir. Fue uno de mis regalitos de cumpleaños por parte de mi sobrina Rowa de 12 años de edad. Sepan que lo cosió ella misma. Se supone que es un alfileter...o -porque titi Aziza siempre deja sus alfileres tirados por todas partes-, pero cuando lo miré fijamente a los ojos, me dio pena pincharlo; ahora es un compañero. Dice Marido que le debo llamar "Jamil" porque es un muñeco y no una persona y que en todo caso es de genero femenino. ¡Que manía de la gente! Para mí es simplemente lo que he dicho, "mi nuevo compañero de escritura" y a pesar de su color rosado, me parece "nene" en vez de nena. En fin, les presento a Wasim. ¿Verdad que está chulo? Wasin tiene lo suyo, ¿O no? P.D.: Lo más que me gusta del chico es que es de esos que siempre andan "de brazos abiertos" listo para abrazar. #wasim
Wasim
 

 

miércoles, 28 de enero de 2015

"Flus" matters



 
He tramado un plan para resolver el asunto de la dichosa “Strawberry Shortcake” y la pared "Shocking Pink" que dejaron los antiguos inquilinos de este apartamento . Les  cuento...

En todo matrimonio hay que atender asuntos de dinero y en los matrimonios musulmanes este asunto precisa especial atención.

El caso es que como ahora en Libia no se puede recibir transferencias de dinero del exterior y tampoco enviar, mi concuñado me preguntó si yo puedo gestionarle un envió desde Puerto Rico a Palestina y que él me entrega el efectivo al equivalente del valor oficial. Él necesita enviar la pensión de su familia, pues como la mayoría de los hombres árabes y musulmanes le corresponde mantener o ayudar con los gastos de sus padres y hermanas solteras; mientras yo que ando necesitando “Flus”, o sea, dinero para resolver unos asuntos en los cuales no deseo inmiscuir a Marido, le dije que sí.

En la cultura árabe -casi siempre- el hombre corre con todos los gastos del hogar, pero también con los gastos personales de la esposa. Si la mujer trabaja, tiene dinero en el banco o recibe alguna entrada económica le pertenece sólo a ella y es libre de utilizarlo como le plazca, de ninguna manera, a excepción de alguna emergencia o crisis económica, se utiliza el dinero de una mujer para los gastos ordinarios del hogar.

Desde que nos comprometimos Marido me preguntó cuánto dinero necesitaba para cubrir mis gastos mensuales, le contesté que yo trabajaba y no necesitaba que me mantuviese y que además aún no estábamos casados. Replicó que ya estábamos comprometidos con el consentimiento y bendición de mi padre y que desde ese momento él era responsable de mí. “Bueno, lo hablamos después” le dije, para evadir el tema porque me resultó de lo más incomodo; siempre había sido yo la que me había visto en situación y condición de respaldar económicamente a algunos de mis seres queridos o a alguna pareja en medio de alguna crisis económica temporal. Antes, el recibir se me hacía mucho más difícil que el dar, pero ya aprendí que es necesario aprender a estar de ambos lados.   

Algo parecido sucedió cuando se conversó lo de la entrega del “mahar” como parte de la tradición nupcial islámica. Me preguntó que cuánto pedía mi padre. Mi reacción fue la de; “¿Qué es eso muchacho? ¿Cómo mi padre te va a pedir dinero por mii?” Me explicó lo que es el “mahar” en el islam y que a diferencia del “dote” acostumbrado en India, en la tradición islámica el padre fija una cantidad que se le entrega a la hija, o sea, a la prometida y futura esposa; “es decir, tu padre no me pedirá dinero por ti, me lo pedirá para ti”. ¿Qué se hace con ese dinero? Pregunté extrañada. Pues lo gastas en lo que tú quieras, lo guardas en el banco o lo inviertes en oro.

Como era de esperarse mi padre se negó a pedir dinero para mí y yo le dije a mi prometido que nos saltáramos ese paso porque ya tendría bastante cubriendo los gastos de mi viaje, el matrimonio y luego amueblando la casa. Me explicó que no era posible y que ya había retirado una cantidad del banco.

En fin, que en situación de encontrarse ambos contrayentes en la misma ciudad, la entrega del dinero se hubiese realizado personalmente; mi prometido junto a su padre y otros hombres de la familia como hermanos, tíos o primos hubiesen visitado mi hogar y  le hubiesen entregado el dinero a mi padre en compañía de otros hombres de mi familia. En nuestro caso, por la distancia, se realizaron cinco transferencias internacionales.

Cuando finalmente concreté el proceso de acogerme al retiro temprano y dejar mi trabajo en el servicio público, mi esposo -para ese entonces prometido- me volvió a preguntar cuánto necesitaba para cubrir mis gastos mensuales. Le expliqué que no era necesario porque aunque ya no estaba trabajando, recibía una pensión vitalicia con la que podía manejarme hasta que me tocara viajar a Libia. “Pero no equipara lo que era tu sueldo” dijo él. “Pero yo me mudé a la casa de mis padres, saldé mi guagua y gasto lo mínimo”, repliqué yo muy satisfecha y orgullosa. Además le conté que para no andar de desocupada comenzaría a vender túnicas indias en Internet, entonces se ofreció a colaborarme con la inversión inicial. Así surgió “Aziza’s Treasure”, que pronto, si Dios permite, volverá a operar con nuevos diseños y mercancía variada.

El asunto es que para una mujer que no ha dependido económicamente de nadie desde que tenía 18 años y salió por primera vez de la casa de sus padres, le cuesta acostumbrarse a este sistema de estar pidiendo “pa’ esto y pa’ lo otro”. Desde que llegué a este país, mi esposo se ha opuesto a que use mi dinero, dice que es una vergüenza el que se diga que él no provee lo necesario. Le explico que hay veces que aunque no se caiga en el consumismo, uno quiere comprar cosas no necesarias. Me explica que si algún día él falta lo ideal es que yo también pueda contar con ese dinero sin pasar necesidades y que además con el estilo de vida que se lleva en Libia -sin vida social- es una excelente oportunidad para que yo pueda hacer lo que antes no podía… ahorrar. Por un lado tiene razón pero…

En fin, que cuando mi concuñado lo llamó para hacerme la propuesta de la transferencia a través de él, mi esposo le contestó qu prefería que no, pero que la decisión final era sólo mía. Por supuesto que de inmediato acepté ayudar a mi concuñado, la situación me vino como anillo al dedo.

Entonces, como la tradición dice que la mujer puede gastar su dinero en lo que le plazca; ya veo desaparecer a la “Strawberry Shortcake” de forma permanente. Ya sé que todo lo que se gaste decorando este apartamento será como haber regalado, apostado o botado el dinero, en eso Marido también tiene razón; no sabemos cuándo el dueño toque a la puerta diciendo que nos tenemos que ir -así pasa en los países sin ley y orden, pero pues...

 
 
Hoy mientras estaba ocupadísima preparando mi Maqluba de res, llamó mi hermana para darnos el número para que la hermana de mi cuñado en Gaza pudiese recibir su dinero y mi esposo se acerca celular en mano. Le pido que por favor le diga a mi hermana que la llamo cuando me desocupe, pero mi esposo me dice que él puede tomar la información…

-Es en español. Le digo.

-Yo se contar en español. Me contesta

-¡A ver! Lo reté.

-Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez. Cuenta en español con un acento arabizado que me derrite, dejándome impresionada y de boca abierta mientras él sonríe con una cara de satisfacción y orgullo inmenso y mi hermana moría de la risa al tiempo que exclamaba, ¡Ejeeeee!

De inmediato dejé el “Maqluba” a un lado y nos fuimos al comedor donde presencié el comiquísimo y hermoso momento. Mi hermana Yazira desde Puerto Rico dictaba la numeración el envío con voz clara y pausada, mi esposo aprovechaba sabiamente lo prolongada de la pronunciación de mi hermana para traducir en su mente con todo lo que implica el proceso para una persona que por lengua madre tiene el árabe, el inglés como segundo idioma y que coquetea con el español que alguna vez cuando niño escuchó de labios madrileños en la España donde junto a su familia paso algunas vacaciones.

 

Y luego,  como si hubiese sido poco lo del dictado numérico desde Vega Alta, Puerto Rico –jajaja-, fui testigo de cómo Marido, cumplió con el segundo reto; escribir el nombre completo de mi madre.

Fue lindo y divertido, nos reímos.  Ya veremos si se ríe cuando le diga que todos los caminos conducen a la ferretería o la papelería más cercana. Miren que el miércoles que viene es mi cumpleaños y me gustaría usarlo de excusa pa’ decorar una piña, hacer sandwichitos de mezcla y una bola de queso crema con jalea de piña o melocotón. Y si se forma el ululeo, demás está decir que “Strawberry Shortcake” no es bienvenida a la fiesta.

Como les dije, es un plan que he trazado, pero sepan que aquí en Libia hacer planes  es como hacer donitas con humo de cigarros. Todo queda a voluntad de Dios y aunque no lo crean de todo aquel que se te cruce en el camino.
 
Nota:
Próximamente estaré publicando un artículo sobre el "Mahr" para el grupo MEDUM en Facebook para beneficio de los lectores interesados en el tema.

sábado, 24 de enero de 2015

Matrimonio por poder o “proxy marriage”


*El siguiente artículo aunque puede servir de orientación general sobre el tema de los “matrimonios por poder”, está dirigido a matrimonios multiculturales, específicamente para mujeres occidentales interesadas en contraer matrimonio con hombres de países orientales, de religión musulmana, como lo son las mujeres de habla hispana integrantes del grupo “Me enamoré de un musulmán” (MEDUM) en Facebook.

 




El matrimonio por poder (proxy marriage) tiene lugar cuando una pareja quiere contraer matrimonio pero por varias razones se encuentra cada persona en lugares distintos y uno de ellos no puede estar presente al momento del casamiento. Cuando ambos contrayentes están ausentes, se conoce como "double-proxy marriage”. Uno y otro son válidos pero no son recursos legales existentes en todos los países o estados.

Parte del proceso consta en autorizar mediante poder legal a una persona que represente al contrayente ausente. Todos los documentos a presentarse en corte deben estar debidamente notariados. Para más información sobre las particularidades del proceso debe consultar con las autoridades pertinentes en su jurisdicción.

Las leyes matrimoniales varían según el país y en el caso de Estados Unidos de Norteamérica, hay variaciones entre estados; por tanto el primer paso para las parejas interesadas debe ser consultar el código civil y la ley de matrimonio de sus respectivos países, a fin de conocer de buena tinta si el recurso legal está disponible, sus requisitos y condiciones, en fin, todo los pormenores del proceso según la jurisdicción correspondiente.

Esta consulta debe complementarse con una visita a la corte de familia o tribunal de primera instancia donde se atienden los casos civiles. Es imprescindible acudir al foro correcto, esto le asegura que recibe la debida orientación que un paso tan importante y trascendental como el matrimonio amerita.

 

En el caso de Puerto Rico se debe consultar el CODIGO CIVIL DE PUERTO RICO, 1930- PARTE III- MATRIMONIO - CAPITULO 29 -NATURALEZA DEL MATRIMONIO: Ley de Matrimonio mediante mandado con poder especial. Ley Núm. 64 de 5 de  mayo de 1945, según enmendada. Enlace: http://www.lexjuris.com/LEXLEX%5Clexcodigoc%5Clexmatrimonio.htm

 

Una vez la pareja conversa sobre “los pros y los contras” de efectuar el matrimonio por poder en sus respectivos países, deben ponerse de acuerdo en dónde se efectuará el matrimonio.

Si las intenciones del contrayente que es occidental es la de eventualmente realizar una petición de residencia permanente para su cónyuge extranjero, antes de proceder con los tramites del matrimonio, aconsejo se consulte la validez del mismo en el departamento de inmigración de su país, pues en ocasiones existen ciertas limitaciones o condiciones para con los “matrimonios por poder”. Este paso es indispensable para no perder tiempo, esfuerzos y dinero, porque tanto el matrimonio por poder como el proceso migratorio conllevan un costo económico que hay que tomar en cuenta.

 

Para el Departamento de Inmigración de los Estados Unidos de Norte América y sus territorios, incluido el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, el “matrimonio por poder”, “Matrimonio mediante mandado por poder especial” o “Proxy Marriage” es válido, pero precisa evidenciarse la consumación del mismo a través de la convivencia matrimonial.

Es decir, se puede contraer “matrimonio por poder”, una vez los contrayentes hayan convivido como matrimonio en el extranjero, el conyugue que es residente permanente o ciudadano estadounidense puede reclamar a su cónyuge ante las autoridades migratorias.

Sin embargo el “matrimonio por poder” no es válido cuando tras casarse el contrayente estadounidense reclama al esposo sin nunca haber convivido como tal. Recuerden que incluso para la “visa fiancé” se necesita evidenciar que la pareja se ha conocido personalmente.  

 

En el caso de Estados Unidos de Norte América y sus territorios, incluido el Estado Libre Asociado de Puerto Rico se debe consultar con el Departamento de Seguridad Nacional en los siguientes enlaces:

Marriage and Marital Union for Naturalization:


Página principal en español: http://www.uscis.gov/es

 

En caso de que se decida efectuar el matrimonio en un país musulmán, se debe investigar si el mismo exige como requisito de ley que ambos contrayentes sean musulmanes. No es la norma pero se da en algunos países donde el islam es la religión predominante.

Un ejemplo de ello lo es Libia, donde se exige la certificación a pesar de que el islam permite a un hombre musulmán el contraer matrimonio con una mujer de religión cristiana o judía (conocidas como las religiones del libro o abrahámicas); más no con mujeres ateas o practicantes de religiones paganas y politeístas.

De ser así, la mujer occidental interesada en casarse mediante “matrimonio por poder” en un país musulmán con el requisito antes descrito, deberá presentar un documento donde algún “imam” o “sheikh” en su país certifique que es de religión musulmana o ha sido conversa al islam.

Insisto en que toda mujer enamorada de un musulmán, con planes de comprometerse y eventualmente contraer matrimonio y establecerse en algún país occidental debe consultar la entidad migratoria de su país. No basta con las experiencias y sugerencias de amigas y conocidas en condiciones similares, cada caso tiene sus particularidades y cada país sus leyes matrimoniales y migratorias. Vaya a la segura, evite errores que le costaran tiempo, esfuerzo y dinero.

Investigue si el país de su prometido, nacionalidad y documentos de viaje lo hacen admisible y elegible para obtener la residencia permanente en el país que interesan residir o si por el contrario, el país de origen de su prometido está incluido en “la lista negra” de países de los cuales es sumamente difícil, por no decir imposible obtener una visa para entrar legalmente a su país.

Recuerde que el terrorismo y la “islamofobia” han provocado que muchos países occidentales hayan endurecido sus leyes migratorias y sean mucho más rigurosos al establecer la elegibilidad de los solicitantes provenientes de países árabes y musulmanes.

Conocemos casos de mujeres occidentales que han demorado hasta 7 años o más para lograr que sus esposos reciban visa para emigrar a sus países. Cada año les rechazan el caso y es necesario volver a iniciar el proceso con todo lo que conlleva; lo antes dicho, se pierde tiempo, dinero, e ilusiones.

Todos estos son factores a tomar en cuenta al decidir comprometerse en una relación con un extranjero, sobre todo si es árabe y musulmán. Lo importante, después de saber que el compromiso de amor es verdadero y se fundamenta en hechos y no sólo en palabras y promesas -más si es a distancia- es orientarse correctamente.

Cuidado con oficinas fantasmas que ofrecen orientación y gestión con asuntos migratorios, se prestan para el timo y fraude de la manera más inescrupulosa. También se dan casos de abogados de inmigración que a pesar de conocer la dificultad real de muchos procesos le proyectan al cliente un panorama excesivamente optimista con el único fin de asegurar sus honorarios. Por eso aconsejo orientarse directamente con el departamento o ministerio de inmigración de su país y si decide contratar los servicios de algún profesional, que sea por recomendación de alguna persona de confianza.

Las residentes y ciudadanas estadounidenses cuentan con diferentes recursos legales para reclamar al cónyuge  extranjero, pero no todas son convenientes para todos los casos, hay que ver las particularidades de cada uno y de acuerdo a la información fidedigna, tomar la mejor decisión.

 

Residentes permanentes y ciudadanos de los Estados Unidos de Norteamérica y sus territorios, incluido el Estado Libre Asociado de Puerto Rico pueden consultar el siguiente enlace: http://travel.state.gov/content/visas/english/immigrate/types/family/fiance.html

 

 

El amar es una decisión y quienes la toman con suficiente madurez emocional deben mantener los pies en la tierra, ubicados en tiempo y espacio, sobre todo a la hora de contraer matrimonio y mucho más si se trata de un matrimonio multicultural, con un cónyuge extranjero de costumbres, idioma y religión diferente a la propia.  

 

Es conveniente que como mujer te hagas las siguientes preguntas y las contestes con la mayor sinceridad posible, sobre todo si aún estás a cargo de la crianza de tus hijos y toda decisión que tomes les afectará directamente a ellos:

 

¿Estás dispuesta a casarte a pesar de todos los inconvenientes y sacrificios que en ocasiones conlleva una relación a distancia durante el proceso migratorio? Entiéndase, largos periodos de separación, espera, el costo económico del proceso y gastos de viajes durante el tiempo de tramitación.

 

¿El prometido cuenta con los recursos económicos para costear todos esos gastos del proceso migratorio, incluida la boda o necesitará de tu ayuda económica?

 

Si él no cuenta con los recursos económicos, ¿los tienes tú y estás dispuesta a correr con todos los gastos?

 

¿De no ser posible que tu prometido o esposo obtenga la visa estás en condiciones de radicarte sola o con tus hijos –de ser el caso- por tiempo indefinido o para siempre en el país de tu amado? Recuerda que no todos los países árabes y musulmanes son como la vida que proyectan las películas cuando muestran lugares como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Arabia Saudita. En su mayoría si no se es adinerado, la vida es sumamente difícil y sacrificada. Debes tomar en cuenta que en muchos países en regiones como el Norte de África, el Oriente Medio y otros países asiáticos se viven una constante inestabilidad política y económica, además de los confrontamientos de índole religiosa y el terrorismo; los conflictos bélicos siempre son una probabilidad.   

 
Espero que esta información al menos pueda señalar el camino, de quienes estén contemplando la posibilidad de comprometerse en matrimonio con un extranjero, sobre todo si es árabe y de religión musulmana.

Aunque no siempre el panorama se vislumbra tan alentador como el corazón lo anhela, uno no se debe dar por vencido sin antes orientarse adecuadamente. El tomar decisiones fundadas en hechos reales, nos da cierta tranquilidad de consciencia al saber que se hace lo correcto de acuerdo a las circunstancia, y esto, independiente del desenlace.

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