Antes me costaba ver como mi
suegra tan pronto le abría la puerta se disparaba por toda la casa revisándolo
todo, cerrando ventanas y demás. Ahora con una sonrisa contemplo su figura
diminuta envuelta en paños largos recorriendo todos los rincones de la casa, realizando
rondas que un poco mitigan mis días de soledad. Así va abriendo las tapas de las cacerolas sobre
la estufa para ver qué he cocinado y si ya he comido, verificando la
temperatura de mi habitación y si está muy frío ajusta los respiraderos de las cortinas
de madera y verifica con cuantos cobertores he dormido. Mientras, va diciendo
cosas en árabe que apenas entiendo, pero hoy ha hablado de todo. Abrió los
tarros de especias y según las probaba metiéndoles el dedo me decía sus nombres
en árabe. La canela, la vainilla, la nuez moscada, el pimentón, el jengibre, la
pimienta, el curry, el cárdamo, y el comino que según ella evita el vómito y
otros males estomacales. Me ha preguntado por mi familia y quiere que la próxima
vez que les vea por Skype les salude de su parte. Algo me comentó sobre la
granizada que cayó en la madrugada, entendí que anda como yo, contando los días
para que su hijo regrese a casa, dice que faltan 7 días, yo digo que faltan
ocho. En el cuarto encontró una camisa de mi esposo de la que duermo aferrada
para recordarlo a través de su olor, y ella sin saberlo ha hecho lo mismo. La tomó,
la olió profundo y se la llevó a la cara apretándola y diciendo cosas que transmitían
ternura. Se le aguaron los ojitos y apretaba la camisa contra su pecho. Dice
que le está orando a Dios para que en algún momento yo salga embarazada, porque
ella perdió dos embarazos, como yo en el pasado, pero al final tuvo ocho hijos.
Que cómo está mi presión arterial, si me estoy tomando los medicamentos y si
necesito algo, que lo escriba, que le avise y que me prepare que con tanta
lluvia esta noche hará mucho frío. Ella todo en árabe, yo en inglés y como subterfugio
de ambas, las señas. Pero hoy mi suegra hasta un dibujo ha hecho tratando de
decirme algo que lamentablemente no pude comprender. Se frustró y le pasó la raya
a su obra de arte, me abrazó, me apretó bien duro los cachetes, sonrió, me dio
4 besos y en un graciosísimo español me dijo; “¡Adiós! ¡Hasta mañana Habiba!” Aquí
les comparto el dibujito de mi suegra querida, esa de diminuta y siempre
envuelta figura, de ojos pequeñitos y dulces que te hablan del amor que llena
su alma sin necesidad de palabras.
